Emprendiendo: el germen de la idea

31 10 2011

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¿Cuántas veces hemos creído tener una gran idea de negocio y hemos recibido críticas del tipo?:

–        Eso no va a funcionar.

–        Es muy arriesgado.

–        No aspires tan alto porque la gente pensará que estás loco.

–        ¿Qué sabes tú sobre este negocio?

–        ¿Qué pensará la gente de ti?

Y la madre de todas las críticas: ¿Y por qué no se le ha ocurrido a nadie antes?

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Incluso en ocasiones, es nuestra propia mente la que busca justificaciones y excusas:

–        No podré hacerlo.

–        Será demasiado trabajo.

–        Requerirá demasiado tiempo.

Terminamos por autoconvencernos con el mayor asesino de ideas: Ya está todo inventado.

Muchos seres humanos ven el cambio como la posibilidad de fracasar y por esta razón lo temen. Casi todos lo llevamos dentro. Sentimos que nuestro mundo se tambalea ante la novedad. ¿Cómo nos afectará el cambio?


Muchas personas tienen grandes ideas. En realidad todos podemos ser una fábrica de ideas. Todo ser humano es naturalmente creativo e innovador. El progreso humano es prueba de ello.

Además, muchos se arriesgarían a apostarlo todo por esa gran idea de negocio que seguro les haría ricos, la famosa idea del millón de dólares. En cuanto se me ocurra la idea del millón de dólares, me lio la manta a la cabeza, dejo el trabajo y monto mi propio negocio. Solo estoy esperando a que llegue esa idea. Este es un pensamiento habitual.

Bien, lamento informarte que con casi total seguridad esa gran idea nunca va a llegar. La mayoría de seres humanos no hubiéramos sido capaces de reconocer grandes ideas que hoy en día son negocios multimillonarios como Google, Facebook, Twitter o Skype. Un sustituto del teléfono fijo en internet como Skype, ¿pero tú crees que eso va a funcionar? ¿Quién va a vivir sin teléfono fijo? Seguramente dijeron sus críticos cuando la idea se estaba gestando.

Existen multitud de ejemplos: imaginaos cuando en las cocinas no existían electrodomésticos y las tareas del hogar se hacían de forma manual. El inventor de la aspiradora seguro tuvo que enfrentarse a críticas del tipo: esto no limpiará como yo lo hago. Habrá polvo por toda la casa. Donde esté un cepillo y un cogedor que se quite un aparato de estos.

¿Y el inventor de la lavadora? La ropa no quedará tan limpia como frotando en la pila o en el río.

El escrito Napoleón Hill también sufrió las críticas cuando se dispuso a realizar la complicada tarea de redactar una filosofía del éxito individual. Algunas de ellas fueron: No puedes hacerlo, el trabajo es excesivo y exige demasiado tiempo, ¿qué pensarán tus parientes de ti? ¿Cómo te ganarás la vida? Nadie ha organizado jamás una filosofía del éxito, ¿qué derecho tienes a pensar que puedes hacerlo? ¿Quién eres tú, en cualquier caso, para apuntar tan alto? Recuerda tu humilde nacimiento, ¿qué sabes tú acerca de la filosofía? La gente pensará que estás loco, ¿por qué no lo ha hecho otra persona antes que tú?

Sin embargo tras 20 años de investigación su libro Piense y hágase rico se publicó en 1937. Según wikipedia hoy en día se lo conoce como el método más famoso y efectivo para hacer dinero y con más de diez millones de copias vendidas en todo el mundo, ha tenido más éxito que cualquier otra obra de su género.

El no encontrar esa gran idea que ansiamos y las críticas que inevitablemente recibiremos cuando creemos haberla encontrado, pueden derrotarnos.

Sin embargo, muchos negocios rentables no son ideas radicalmente nuevas sino adaptaciones o mejores de ideas o negocios ya existentes. Y precisamente éste es el camino a seguir. No pretendamos adelantarnos a nuestro tiempo encontrando una idea que cambie el rumbo de la humanidad. No nos va a llegar tal inspiración.

La clave para emprender no está tanto en la idea sino en el desarrollo de la misma. Se trata de identificar algo que mejore o facilite la vida de la gente, aguantar y superar las críticas y a partir de ahí dedicarle esfuerzo, trabajo, disciplina, perseverancia y eficacia para convertir esa idea en realidad.

El propio Napoleón Hill lo expresó a la perfección en su obra Piense y Hágase rico: “casi todas las ideas nacen muertas, y necesitan que se les inyecte el aire de la vida por medio de planes definidos de acción inmediata.

La mejor ocasión para cuidar una idea es el momento en que nace. Cada minuto que ésta vive le proporciona una mejor oportunidad de sobrevivir. El temor a la crítica se encuentra en el fondo de la destrucción de la mayoría de las ideas, que nunca alcanzarán la fase de planificación y puesta en práctica”.

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